Facility Management Services 014

62 SMART SECURITY SMART City V ivimos en la era del Big Data, fruto de la hiperco- nectividad de las perso- nas, las empresas y ahora también las cosas, con el llamado Internet of Things (IoT). Así, la consultora Gart- ner estima que en 2020 habrá más de 21.400 millones de dispositivos u objetos conectados a Internet. El volumen de datos que circula por Internet es tal que se nos están agotando las unidades de medida. En pocos años hemos pasado de hablar de megabytes a gigabytes , terabytes , petabytes … Ya estamos en la era del zettabyte , que pronto se nos quedará corta. Dicho de otra mane- ra, si en 1992 el tráfico de Internet era de 100 gigabytes por día, hoy, en solo un segundo, pasa doscientas veces más. No cabe duda de que este inten- so y creciente caudal de datos lleva parejo un enorme riesgo para la ciberseguridad de las organizacio- nes. Primero, por el volumen; segun- do, por las debilidades que puedan tener los sistemas de almacenamien- to; tercero, porque cada vez que se generan y capturan datos se abre la puerta a Internet, con el consiguien- te riesgo de que, si esta apertura no es absolutamente segura, alguien pueda aprovechar la ocasión para entrar en nuestros sistemas; y cuar- to, porque este gigante universo de datos ha dado paso a la llamada economía de los datos. Es decir, los datos han cobrado un enorme valor. Sin darnos casi cuenta, pagamos con nuestros datos muchos servicios. No es que los paguemos como tal, sino que el valor que nuestros datos tienen para las compañías hace que, implícitamente, éstos estén en el precio o incluso en la gratuidad del servicio. Pero vayamos al tema que nos ocupa, la ciberseguridad en el entor- no del Big Data. Pensemos por ejemplo en nuestros inseparables móviles, la cantidad de información que de nosotros generan, igual que otros dispositivos, desde weareables que recogen nuestros datos de salud hasta los sistemas de trabajo en remoto, pasando por los sensores que se van incorporando a ciuda- des, vehículos o plantas industriales, además de todos los datos perso- nales que tienen las empresas y la Administración de nuestras interac- ciones con ellos. En muchos casos, esos datos se almacenan, y en otros simplemente circulan entre varios dispositivos conectados a la nube, con información, con datos, que pueden ser más o menos sensibles, y lo que es peor, potencialmente accesibles a los cibercriminales. Economía del dato En la economía del dato, con unos ciberdelincuentes cada vez más pro- fesionalizados y organizados, el robo de datos es una amenaza más que real. Basta recordar el creciente número de compañías que han sido objeto de ataques con el único objetivo de capturar sus datos. En algunos casos para venderlos luego en el mercado negro. En otros, como vimos antes del verano, con WannaCry primero y NoPetya des- pués, para pedir un rescate a cambio de liberar esos datos. A medida que siga creciendo el volumen de datos generados por todos, personas, empresas y cosas, la seguridad será no solo más nece- saria, sino mucho más compleja. Pensemos por ejemplo en la empre- sa 4.0, en la que desde las impreso- ras hasta las televisiones inteligentes están conectadas a Internet, gene- rando un flujo de datos entre estos dispositivos y la nube que, si no es seguro, puede ser interceptado en cualquier momento de su viaje. Lo mismo se puede decir de las ciuda- des inteligentes, que ya son una rea- lidad, y de los hogares inteligentes, que empiezan a serlo aunque sea de forma más lenta. Marc Martínez Socio responsable de ciberseguridad de KPMG en España Ciberseguridad en un universo de datos A medida que crezca el volumen de datos, la seguridad será mucho más compleja

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